Coordinador General:  Rafael León Rodríguez
Representante en el exterior: Siro del Castillo

La Habana, 
 

 
 

 "Seis Pactos y Seis Pasos para una Transicion Tranquila,
una propuesta Global de Seguridad Nacional"


"CONSENSO PROGRESISTA:
un proyecto independiente para el siglo XXI cubano "

                

¿Qué es Consenso Progresista? Es un espacio político, social, cultural y de pensamiento abierto a todos aquellos cubanos y cubanas, dentro y fuera de Cuba, que, desde una perspectiva progresista, estén dispuestos a aportar esfuerzos, recursos e inteligencia para que la nuestra sea una nación independiente y soberana, democrática y participativa, próspera y solidaria, de sólidos contenidos sociales y culturales, respetuosa de los derechos humanos y del derecho internacional, que viva en paz y respeto con sus vecinos, y concebida como una república de ciudadanos y ciudadanas libres e iguales en derechos y responsabilidades. Una utopía, a la altura de nuestras sensibilidades culturales, que hace posible la plena dignidad humana. 

¿Cuáles son los valores fundacionales de Consenso Progresista?:

nacionalismo, entendido como afirmación y defensa de nuestra independencia y soberanía frente a cualquier injerencia externa;

democracia, practicada como libre representación, deliberación y participación ciudadana de los asuntos e instituciones de interés público;

solidaridad, vista como creación de redes, preferentemente sociales y públicas, para la ayuda entre ciudadanos y sociedades;       

fraternidad, impulsada para la búsqueda permanente de relaciones positivas en un mundo de mujeres y  hombres libres; derechos humanos, planteados como promoción y respeto integrales de antiguos y nuevos derechos de personas y grupos; multiculturalismo, concebido como igualdad y respeto de la diversidad cultural y de las minorías;

 ecologismo, asumido como armonización entre la prosperidad y el desarrollo económico y social y la defensa y protección del medio ambiente natural, cultural y psíquico de individuos y comunidades;

institucionalidad, conceptuada como predominio de instituciones, leyes, intereses y decisiones colectivas por encima de personas y liderazgos unipersonales;

moderación, ejercida como ritmo y lenguaje apropiados a la comunicación y a la gradualidad del cambio político y social;

dialoguismo, pensado como uso exclusivo del diálogo en la discusión de los asuntos públicos y en la solución de controversias y conflictos dentro y fuera de Cuba;

reconciliación, proyectada como reencuentro necesario y virtuoso entre nuestra memoria y nuestro futuro para impedir que las tensiones acumuladas desemboquen en la violencia y garantizar una nación de inclusiones y no de exclusiones, y ética, definida como respeto absoluto al diferente y como base de la conducta adecuada a mujeres y hombres públicos. 

¿Cuáles son los tiempos y contenidos de Consenso Progresista? Consenso Progresista trabaja a tres tiempos  –corto, mediano y largo plazos–  encadenando las propuestas: Seis Pasos y Seis Pactos para una Transición Tranquila, la red: Ciudadanos por el Cambio Tranquilo, la Plataforma Común[1] y Nuevo País. Como contenidos de Consenso Progresista, las propuestas de  Transición Tranquila, red Ciudadanos por el Cambio Tranquilo  –compuesta por aquellos que nos apoyen públicamente–  y Plataforma Común están hechas para el corto y mediano plazos. Ellas son la antesala y el despegue posibles hacia la democracia, tal y como lo vemos los progresistas cubanos. Nuevo País está concebida para el largo plazo y reúne, dentro y fuera, a mujeres y hombres progresistas de Cuba con gusto por las ideas y el pensamiento: intelectuales, académicos, profesionales y técnicos de las más diversas disciplinas y en los más diversos ámbitos uniendo inteligencia e imaginación para responder a las preguntas combinadas de: ¿Qué país somos, qué país queremos los progresistas? y proponiendo alternativas para otra Cuba posible. Como parte de Consenso Progresista, Nuevo País es una propuesta autónoma, con la revista Consenso como vehículo de expresión, y no contaminada ni contaminable por la política inmediata para que pueda satisfacer su mayor ambición de futuro: presentar una alternativa global que, firmemente arraigada en  las bases del siglo XXI cubano, posibilite un cambio fundacional. 

¿Quiénes impulsan Consenso Progresista? Son sus promotores: Arco Progresista, Cambio Cubano, Proyecto Demócrata Cubano, organizaciones de larga tradición política y con sus propios matices y visiones, y un grupo de ciudadanos independiente, fundamentalmente intelectuales y profesionales, que creen en el papel creador de la utopía. Las dos primeras de tendencia socialdemócrata y la otra socialcristiana. No obstante, Consenso Progresista está abierto al apoyo y la participación de otras organizaciones y personalidades cubanas  −que estén de acuerdo con sus valores fundacionales−  dispuestas a trabajar de conjunto para que la otra Cuba posible sea una Cuba progresista y mejor. 

Para Consenso Progresista la tarea es inmensa. Sin ser un proyecto de coyunturas, nace en un momento de apetitos regresivos por parte de las autoridades cubanas −que desafían nuestros derechos y nuestras ansias democráticas−; de renovadas apetencias hegemónicas por parte del gobierno de los Estados Unidos −que desconocen nuestra identidad y soberanía como nación−  y en medio de una desorientación generalizada sobre los rumbos de Cuba −que instala el desencanto dentro y fuera de nuestro país. Cómo orientarnos e imaginar el futuro neutralizando estos peligros es una cuestión que Consenso Progresista responderá colectivamente, consciente de que el futuro comienza por las ideas.

 


 

La Habana, 1 de julio de 2004

Seis Pactos y Seis Pasos para una Transición Tranquila

Una propuesta global de Seguridad Nacional[2]

(Versión corregida y abreviada)

 

Introducción

La situación actual por la que atraviesa Cuba no es un asunto coyuntural. Nuestra continuidad como nación se encuentra amenazada. Un círculo vicioso destruye nuestra convivencia y viabilidad como sociedad por la escasa inteligencia y visión estratégica de país que muestran las autoridades cubanas.

¿Cómo salir de este círculo vicioso? No parece haber una salida visible en medio de  la disputa histórica y política entre el gobierno cubano y el gobierno de los Estados Unidos. La llamada Comisión de Ayuda a una Cuba Libre, del gobierno de los Estados Unidos, y las medidas tomadas por el gobierno cubano, supuestamente en respuesta a tal Comisión, ilustran con viva actualidad cómo se puede dañar a un pueblo por más de 44 años sólo por ansias hegemónicas. A ambos gobiernos no parece inquietarles, en este punto de su histórica guerra fría, el presente y el futuro del pueblo cubano.

Las consecuencias de esta irracionalidad compartida están destruyendo las bases y salvaguardas de nuestra seguridad nacional, provocando así que la estabilidad de Cuba dependa del equilibrio de la histórica tensión entre los dos países. De hecho, si esta tensión desembocara en una confrontación, Cuba podría desaparecer. Lo mismo ocurriría si dicha tensión continúa por mucho tiempo más o si prevalecieran  Washington o La Habana: una situación de bloqueo estratégico que deja un estrecho margen para una salida política razonable y que debe ser gradualmente desactivada.  Sin embargo, este bloqueo estratégico nos empuja a buscar soluciones posibles. Por razones de supervivencia se necesita afrontar con serenidad, energía y compromiso ciudadano la doble amenaza a nuestra seguridad nacional. 

¿Cuál es esta doble amenaza? Por un lado, la del mesianismo democrático del gobierno de los Estados Unidos que se ha autoimpuesto la ilegítima e indignante tarea, para los que estamos comprometidos con la soberanía nacional, de liberar a los cubanos. Por otro lado, la amenaza del mesianismo revolucionario, más fundamental, política e históricamente decisiva, que destruye, al menos por ocho razones esenciales, nuestra seguridad, autoestima e identidad nacionales:

la creciente dependencia de las remesas familiares provenientes del exterior, fundamentalmente de los Estados Unidos, ata nuestra economía a los vaivenes de la norteamericana y a las decisiones políticas del gobierno de ese país; las compras sucesivas a los Estados Unidos coloca nuestra seguridad alimentaria en las manos de los granjeros norteamericanos; la incapacidad para crear condiciones positivas y estables para los ciudadanos dentro de Cuba, que estimula la emigración hacia Estados Unidos, pone a muchos compatriotas frente al conflicto de soberanías y lealtades resultado del actual diferendo entre ambos Estados, a la vez que debilita a nuestra sociedad y compromete a mediano y largo plazos el libre ejercicio de nuestra determinación y soberanía como país; la vinculación del “éxito” individual a las oportunidades que los Estados Unidos ofrecen al cubano que emigra es una tentación que elimina las referencias a un proyecto colectivo de nación y la confianza en Cuba como hogar político, económico y social habitable; la mirada primaria del mundo y de todo lo que en él sucede a través del prisma de los Estados Unidos, hacen de ese país el filtro contaminante de nuestras relaciones internacionales; la negativa a dejar atrás el capitalismo de Estado y a reconocer los derechos económicos de los cubanos penaliza y reprime la experiencia empresarial y la autodeterminación económica de los ciudadanos ejercidas por doquier; destruye, además, cualquier intento de estrategia económica seria y hace de la economía y sociedad cubanas unos satélites fuera de todas las órbitas de interacción mundiales, lo que nos sitúa en la categoría de las sociedades voluntariamente depauperadas; la represión de toda discusión seria sobre qué país tenemos y qué país queremos enquista el cinismo en las elites, no toma en cuenta el debate que existe en ciertos sectores de la sociedad civil, suspende el presente en la incertidumbre y la provisionalidad e impide mirar con serenidad y amplitud al futuro y, finalmente, la penalización y castigo de la opinión diferente atenta contra el ejercicio de los derechos humanos entendidos como convivencia pública y respetuosa de la pluralidad y diversidad política y cultural. En esta perspectiva nuestro país desaparece por goteo, represión, desencanto, fatiga y agonía. Un peligro de seguridad nacional difícilmente enmascarable en la política de Estados Unidos hacia Cuba.    

El Método

Para enfrentar este desafío no podemos seguir tras la búsqueda de soluciones rápidas e inmediatas a las crisis, alimentada por la idea de que nuestro actual régimen de vida no duraría mucho y por las creencias, dentro de una minoría creciente, de que la potencia y la ayuda estadounidenses son  condiciones necesarias, suficientes y deseables para salir de esta crisis y de que la contradicción fundamental que enfrenta al gobierno cubano con el pueblo se puede resolver sin considerar el peso y papel de otros conflictos. Pensamos que desactivar nuestro complicado conflicto interno es sólo posible con gradualidad y mediante un diálogo de concesiones mutuas, consensos básicos y garantías generales entre todas las partes, en una dirección claramente democratizadora, para poder lograr una transición pacífica. No un diálogo excluyente que desaloje del poder a unos para alojar a otros, sino un diálogo inclusivo que abra el hogar nacional a todos. Pensamos asimismo que una transición pacífica en Cuba requiere asumir la independencia y soberanía de Cuba y  los cubanos: Una y otra cosa no pueden ser eludidas si queremos democratizar al país con seriedad, realismo y responsabilidad.

La Plataforma Común[3] concebida, discutida y redactada en 1999 es el proyecto que mejor capta el espíritu, la naturaleza y los rumbos de una propuesta de transición que exprese y plantee las complejidades y alternativas de cambio para una situación tan difícil como la cubana.

Pero otra idea prevaleció hasta hoy: la idea, equívoca, de cambios simples e inmediatos, de democracia como un parto sin embarazo y de las penurias como elementos suficientes para despertar nuestros instintos democráticos. Los resultados, además del aumento de la desesperanza, el escapismo y la crisis espiritual, han sido: mayor polarización sin un serio debate público, cierre de las salidas políticas, mayor inmovilismo dentro del gobierno cubano, predominio del diseño político de los Estados Unidos, enrarecimiento del clima político dentro y en torno a Cuba y, más importante en términos humanos, represión contra activistas pro democracia.  Es por ello necesario un regreso a los enfoques planteados en la Plataforma, hoy más que cuando ésta se presentó, para desechar la tentación a la solución súbita, total y polarizada de nuestros problemas; nada beneficiosa para una transición democrática.

La Plataforma da los siguientes requisitos para una Transición Tranquila en Cuba: gradualidad: cambios paso a paso que mediante el diálogo establezcan las prioridades y eviten que reformas fuera de control impidan otros cambios básicos, en un país sin hábitos e instituciones adecuadas para ventilar las diferencias; confianza: no alimenta la sensación de que participar en el proceso de cambios es un juego de perdedores y ganadores absolutos; moderación: el empleo de un lenguaje apropiado para el diálogo que eluda la polarización, impida la confrontación estéril, la mutua descalificación y la incomunicación resultante; al mismo tiempo que elimine la tentación de exigir lo que no tendría sentido exigir a través de un diálogo; inclusión positiva: no ve los cambios como un proceso contra unos u otros sino a favor de toda la sociedad, lo que activa el potencial que todos los cubanos tenemos para facilitar la transición y, por último, seguridad colectiva: concibe los cambios sin la sombra o intromisión de potencias extranjeras, y defiende claramente el no aislamiento de Cuba de y dentro de la comunidad internacional.

Las Bases de la Propuesta

Como propuesta de seguridad nacional la democratización es vista aquí como supervivencia nacional. Los cubanos no podemos ni debemos seguir agotándonos en la idea de una revolución como única posibilidad para Cuba o en la idea de una democracia asistida como única opción para los cubanos. La nación se desvanece aceleradamente; la democracia que se nos propone nada tiene que ver con el país posible. Sin la independencia de Cuba será imposible la democratización por y para los cubanos, pero sin democratización será imposible sostener la independencia de Cuba.

Hay cosas que preservar, construir y rescatar. La independencia y soberanía de Cuba, los avances sociales y culturales y la paz civil que aún disfrutamos deben ser preservados. La democracia, el espacio y respeto integral de los derechos humanos y la autoestima nacional deben ser construidos, en tanto el tejido de los valores debe ser rescatado.  La Plataforma ofrece el concepto para enfrentar nuestro dilema de simultaneidad y propiciar  cambios que preserven, construyan y rescaten: la Transición Pactada.

Presentamos en consecuencia seis pactos como bases y garantías para la necesaria y eventual transición: Un pacto de cohesión social: que posibilite el acuerdo para poner en práctica políticas, desde todos los actores sociales, contra las fracturas y exclusiones sociales presentes y futuras, y que afiance la preservación de las instituciones de servicio social actualmente existentes. Un pacto de garantía de propiedades: que asegure a los actuales inquilinos o usufructuarios, ya sea de bienes muebles o inmuebles, la propiedad actual o futura sobre estos bienes. Un pacto por la independencia y soberanía nacionales: que garantice y nos comprometa a emprender la transición sin la injerencia de potencia extranjera alguna en nuestros asuntos, que extienda y fundamente en la soberanía popular la soberanía del Estado y a rechazar políticas unilaterales que comprometan nuestra libre determinación. Un pacto por el perdón y la reconciliación nacionales: que impida ajustes de cuentas por agravios pasados y permita resolver y sellar nuestras fracturas políticas y culturales, sin que ello suponga la pérdida de la verdad y la memoria históricas para asumir los errores y evitar que éstos se repitan. Un pacto por el diálogo: en el que reconozcamos a este instrumento, ahora y después, como vía, concepto y fundamento para resolver y propiciar la solución de nuestras diferencias y conflictos. Finalmente, un pacto contra toda forma de terrorismo: un compromiso de preservar la integridad física, psicológica y moral de la persona humana y de condenar todos los actos execrables de violencia. 

Si incorporamos la idea de que una Transición Pactada es lo más deseado, conveniente y productivo para Cuba estaremos avanzando hacia una transformación en nuestra cultura política. Y si asumimos estos seis pactos  preparamos las bases para una Transición Tranquila hacia la democracia y el respeto integral de los derechos humanos. La oportunidad de contribuir está abierta a todos.  Para ello el Arco Progresista extenderá la Propuesta Global en todas las direcciones con el propósito de encontrar apoyo a su espíritu y fines y de lograr los consensos necesarios.

 

La Propuesta

Esta propuesta de seguridad nacional es concreta y desde la concepción de cambios graduales que defiende la Plataforma. Propone medidas que eviten la desintegración de nuestro hogar nacional. En este sentido la misma es la base de estos seis pasos que el Arco Progresista pone a consideración.

 

1.        Liberación incondicional de todos los prisioneros políticos y de conciencia. Las recientes excarcelaciones por razones humanitarias constituyen una prueba de que la voluntad del Estado puede y debe ser rectificada, moviéndose en la dirección correcta. Sin embargo, es necesario y posible ampliar el concepto de lo que el gobierno cubano entiende por humanitario, haciéndolo extensivo al bienestar de cientos de familias y a la importancia social y psicológica de la unidad de la familia cubana.

2.        Promover la creación de una Comisión Nacional de Derechos Humanos,  así como la adhesión ( firma y ratificación) a los Pactos de Derechos Civiles y Políticos y de Derechos Económicos Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, que ponga a Cuba en sintonía con la mayoría de los países del mundo y con los propósitos de esta organización multilateral. 

3.        Promover la cooperativización extensiva de los servicios, permitir la inversión de los capitales que poseen los cubanos y ampliar, no restringir como se viene promoviendo desde el Estado, las categorías del Trabajo por Cuenta Propia hasta alcanzar el reconocimiento pleno de los derechos de propiedad y participación económica que naturalmente corresponde a los nacionales. Las necesidades de seguridad nacional de Cuba exigen la creación de un sólido tejido económico que provea a los requerimientos del país y desestimule la desesperación de los cubanos por encontrar seguridad y bienestar económicos en otros países.

4.        Promover y apoyar el reconocimiento público y social de sectores y fuerzas que impulsarán un Diálogo y Consulta Nacionales sobre Independencia, Soberanía y Democratización en Cuba.

5.        Promover una acción ciudadana de soberanía preventiva a través de la cual los cubanos podrán expresar su rechazo a los requisitos y condiciones de democratización para Cuba concebidas unilateralmente en leyes o políticas de otros países  –como son los casos de la Ley Helms-Burton y de las medidas anunciadas por la llamada Comisión de Ayuda a una Cuba Libre–  y que desconocen o pretenden usurpar los criterios aceptables y reconocibles e internacionalmente aceptados y reconocidos de lo que es un gobierno democrático y respetuoso de los derechos humanos.

6.        Desplegar una diplomacia activa en todo el mundo para buscar apoyo a esta Propuesta Global y trabajar por una agenda internacional que promueva enfoques más viables para la democratización de Cuba, respetuosos de nuestra soberanía y capacidad como cubanos.

 

Finalmente el Arco Progresista deja sentado varias cosas: esta propuesta busca unos mínimos de consenso político y social para contribuir a detener el múltiple deterioro de la situación cubana, para lo que es imprescindible el compromiso ciudadano. Las soluciones individuales poco aportan a la larga para resolver los mismos problemas individuales de personas y familias. Al encerrarnos en nichos solitarios de precario bienestar no garantizamos nuestra prosperidad y seguridad. Es esta, por otra parte, una propuesta de demócratas y nacionalistas comprometidos, fundamentalmente, con la independencia y soberanía de Cuba y con la libertad, el progreso y bienestar de todos: una propuesta razonable para unos compromisos razonables; alejados de los extremos, los fanatismos, las soluciones totales y excluyentes.

Y claro está: las responsabilidades por nuestra situación y nuestro futuro están en todos y cada uno de los cubanos. La idea de co-responsabilidad es la única que explica satisfactoriamente lo que fuimos, somos y seremos. Cierto es que el gobierno cubano tiene la mayor responsabilidad por los problemas que se acumulan en nuestra sociedad, y que tendrían solución con una voluntad positiva de mirar al país, sus gentes, sus necesidades y sus capacidades para salir adelante; sobre todo la tiene por alimentar la tentación de los Estados Unidos de ejercer viejas tutelas sobre un país y una cultura que nunca han comprendido ni se han esforzado por hacerlo. Si los cubanos no logramos nuestro empeño de ejercer nuestras posibilidades históricas  –conectadas a la independencia y a la democracia pluralista y social–  la responsabilidad básica por impedirlo será esencialmente de las actuales autoridades de Cuba. Nuestra independencia se defiende conjurando con sabiduría lo que la amenaza. Pero, y esto es importante, nuestra visión política no juega a la ruleta de:Con Castro o contra Castro, con los Estados Unidos o contra los Estados Unidos”. Cuba es nuestro afán. Sus problemas valen el empeño psicológico de no personalizar nuestras controversias. Por otro lado, al definir lo que consideramos obstáculos, creemos que lo único positivo que pueden hacer los demócratas del mundo es ayudarnos a democratizarnos por nosotros mismos. Toda idea de que otros pueden liberarnos para nosotros es y será un obstáculo en el difícil camino de la democratización y un obsequio a la voluntad de “eternización” del actual régimen cubano.  Por ello es fundamental hoy recomenzar por lo más necesario y que tiene que ver con el clima de confianza y la creación de los puentes para que restituyamos la fe en nosotros mismos, en los demás y en Cuba. Sin ese clima y sin esos puentes, no prevalecerá ninguna propuesta de un futuro que puede parecer utópico si como los buenos constructores no comenzamos a poner las bases desde hoy, todos. 

 

 

Arco Progresista                    Cambio Cubano                  Proyecto Demócrata Cubano

 

Arco Progresista: Telefax: 93-0912 Correo electrónico: cosdec2002@yahoo.es

Cambio Cubano

Proyecto Demócrata Cubano: Telefax: 96-2636 Correo electrónico: prodecu@hotmail.com

 

[1] La Plataforma Común es un proyecto de transición concebido y redactado en 1999 por un grupo de organizaciones entre las que se encuentran dos de las tres que promueven Consenso Progresista: Arco Progresista y Proyecto Demócrata Cubano. La Plataforma está hoy asumida por las tres organizaciones como propuesta para el proceso de transición. Por su extensión no es posible darla a conocer íntegramente. Una versión de la misma será editada gradualmente para su conocimiento en la medida de nuestras posibilidades. Sí podemos hacerla llegar en su versión completa a aquellos interesados que tengan correo electrónico.   

[2] Es una propuesta del Arco Progresista, formado por: Coordinadora Socialdemócrata, Corriente Socialista Democrática, Mujeres de Izquierda Democrática, Movimiento Juvenil Socialista Democrático, Partido del Pueblo, Comité Cubano por la Democracia y Centro de Estudios del Socialismo Democrático “Diego Vicente Tejera”.

[3] Proyecto de Transición realizado en 1999 por la Mesa de Reflexión de la Oposición Moderada: una concertación, ya desaparecida, de diversas  organizaciones  –democratacristianos, liberales y socialdemócratas de dentro y fuera de Cuba–  creada en 1998.

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