Mensuario del Proyecto Demócrata Cubano, organización opositora pacífica democristiana radicada en Cuba, 
fundada en 1996 y miembro de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA) desde 1998

La Habana, marzo del 2002.      

Año I, No. 4


Editorial

La Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada el 10 de diciembre de 1948, significó un reto y un desafío para la comunidad mundial de naciones y devino referencia obligada en el desarrollo de las sociedades en la modernidad.

La Organización de las Naciones Unidas, gestora de esta trascendental iniciativa, creó un foro privilegiado para promocionar, verificar y debatir todo lo relacionado con este tema: la Comisión de Derechos Humanos, con sede en la ciudad de Ginebra, Suiza.

El día 18 de marzo se inició, en esa ciudad, la reunión anual de esta comisión en su 58vo. Período de sesiones.
En los últimos años del pasado siglo XX, la desaparición de la Unión Soviética y el llamado campo socialista, propiciaron un reordenamiento internacional y dieron paso a lo que hoy conocemos como mundo unipolar.
Este acontecimiento, sumado a los avances científico-técnicos en las áreas de las comunicaciones y la informática, y a los procesos de globalización, determinaron una nueva dinámica alrededor de la agenda de los derechos humanos.

Para nosotros los cubanos, como para el resto de las sociedades contemporáneas, el respeto a la dignidad plena de la persona humana y a todos sus derechos inalienables significan el soporte esencial de los modelos de democratización, desarrollo y gobernabilidad por los que luchamos desde la oposición pacífica.

El gobierno cubano, con su óptica reduccionista en esta cuestión, divide lo que es indivisible y defiende a ultranza la tesis de que respeta los derechos humanos porque garantiza adecuados niveles de salud e instrucción a todos los ciudadanos. Pero en cuanto a los derechos económicos, civiles y políticos, continúa abierto un vacío que es impostergable llenar. Estos no sólo son violados, sino que, técnicamente, no están reconocidos por las leyes e instituciones del país.

Sin embargo, el caso de Cuba en esta esfera, como en otras, se encuentra también entrampado en el marco del diferendo entre los gobiernos de los EE.UU. y el de la isla.

Paradójicamente, lejos de representar un avance en la dirección correcta, este ritual anual con sus confrontaciones, cabildeos y desencuentros, sólo ha contribuido, hasta el presente, para mantener enmascarado otro diferendo: el de las autoridades con el pueblo cubano; amén de una arena más para la lidia entre los intereses políticos de los gobiernos de los EE.UU. y Cuba.

En esta oportunidad, el gobierno de la República Oriental del Uruguay, presentó un proyecto de resolución en términos más de compromiso y conciliación que condenatorios. Otros países de América Latina, Canadá y Europa, lo han copatrocinado. El gobierno cubano, en la voz de su canciller, ya expresó su opinión en conferencia de prensa sobre esta resolución, aduciendo, entre otras razones, que es una manipulación orquestada por los EE.UU. para justificar el bloqueo a la isla y, por lo tanto, es inaceptable.

Es evidente la necesidad de crear otros ambientes de reflexión y negociación sobre este asunto tan sensible para nuestra nación. Cuba puede y debe, ser el escenario en donde se discutan estos problemas, con la participación de la sociedad civil y las autoridades cubanas y la colaboración, el apoyo y la solidaridad de la comunidad internacional, las ONGs, las personalidades notables y los organismos regionales e internacionales especializados en el tema.

En nuestra opinión, hasta tanto no se despolitice esta situación, las reuniones anuales de la CDH de Ginebra, en el caso de Cuba, continuarán siendo, lamentablemente, un ejercicio más de desgaste y de rutina.

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La 58va. Sesión de la C.D.H.

Colaboración de Siro del Castillo

Creada en 1946, por el Consejo Económico y Social de la ONU, la Comisión de Derechos Humanos es el principal organismo de las Naciones Unidas para velar por la situación de los derechos fundamentales de la persona humana en cualquier parte del planeta. Para conmemorar el 50 Aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, en 1998, la Comisión lanzó el lema de "Todos los derechos humanos para Todos" con la esperanza de que el sueño de muchos se lograra hacer realidad ante la triste verdad, de que esta aspiración de la gran mayoría de los habitantes del planeta solo es "disfrutada" en la práctica por una pequeña minoría.

Cuatro años después, la situación no ha cambiado, los derechos humanos tal y como están contemplados en la Declaración Universal, que se basan en la "dignidad intrínseca" de toda persona, que es inalienable y que tienen primacía sobre todo los poderes, incluido el del Estado, siguen sin estar garantizados para cientos de millones de personas en el mundo entero. Como también la "justicia y la paz en el mundo, que tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana" de acuerdo con el Preámbulo de la Declaración Universal, siguen también sin ser alcanzadas en muchos rincones de nuestro planeta.

Ante este desolador panorama, la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas comenzó su 58va. Sesión el pasado 18 de marzo en Ginebra, Suiza. Las atribuciones de la Comisión son muy amplias: pueden ocuparse de cualquier cuestión relacionada con derechos humanos, hace estudios y prepara recomendaciones para la acción, redacta los instrumentos de las Naciones Unidas relativos a derechos humanos, y sus organismos funcionales investigan las denuncias de violaciones y tramitan las comunicaciones relativas a esas violaciones.

Sin embargo, por más de tres décadas, las sesiones anuales de la Comisión se han convertido en un escenario más de enfrentamiento político entre las naciones del planeta, sin que en el fondo lo fundamental sea, el obtener por parte de los países envueltos en las polémicas, el respeto absoluto a la dignidad plena de todos y cada uno de los seres humanos. Se pensó que con el fin de la llamada "Guerra Fría" estos enfrentamientos políticos-ideológicos terminarían, sin embargo no ha sido así. Hoy los países poderosos confrontan a las naciones menos favorecidas, utilizando sus influencias y presiones políticas para sentar en el banquillo de los acusados a aquellos con los que tienen un diferendo particular y/o que han rechazado el tutelaje de los nuevos amos mundiales.

No es que en esos países no existan graves y serias violaciones a los derechos humanos, lo lamentable es que existen y que quedan escondidas tras las bambalinas de los diferendos particulares. Más cuando en la realidad, los poderosos que tiran las piedras también tienen tejados de vidrio a la hora de respetar los derechos fundamentales de las personas. El diferendo Cuba-EE.UU. es el ejemplo clásico. Mientras la problemática de los derechos humanos en Cuba se vea ante la opinión publica como una continuidad del enfrentamiento entre ambos países, el sueño de "Todos los derechos humanos para todos y cada uno de los cubanos", que en definitiva es algo que tiene que ser resuelto entre el gobierno y el pueblo cubano, seguirá siendo eso: un sueño.


U.S.A. VS Cuba y viceversa

En lo relativo al tema de Cuba, ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, a nuestro modo de ver, domina una diplomacia callejera. Los vituperios pululan en la prensa cubana atestiguando esta apreciación. Cada año, previo a la reunión de la CDH en Ginebra, los sectores más conservadores de EE.UU. y Cuba, arremeten con todo su potencial correveidile para perseverar en sus reiterados manejos con respecto a la condena a Cuba por esta Comisión. Se incrementan las gestiones y viajes cabilderos por parte de los conservadores de uno y otro gobierno involucrados en esta faena y se entabla una polémica competitiva con relación a este hecho.

La recurrente confrontación anual en este foro se ha convertido en un ring propagandístico y círculo vicioso que deviene cuento de la buena pipa y que nada aporta a las sociedades civiles de ambos países vecinos.

Cuba esgrime su consabido argumento de la postura prepotente y hegemónica de los EE.UU., que pretende imponer su modelo al mundo; y EE.UU. critica y promueve una condena a Cuba porque ésta no reconoce los derechos civiles y políticos - no ha firmado los protocolos que en esta materia se han emitido - y encarcela a sus ciudadanos por el hecho de exponer libremente sus ideas. Las autoridades cubanas tienen una visión particular y excluyente de los derechos humanos. Justifican la condena anual con el argumento de que los gobiernos de los países que secundan la censura moral a Cuba, son genuflexos. No dicen cuántos de esos mismos países también condenan, ante esa misma comisión, a los EE.UU. por su embargo comercial a Cuba. Las autoridades cubanas arremeten verbalmente contra los gobiernos que la interpelan en esta Comisión y, sin embargo, ofrecen su complacencia y silencio cómplice a los que la apañan, aunque sean violadores de los derechos humanos de sus pueblos.

Es necesario reevaluar estas prácticas viciadas y asumir con espíritu constructivo, negociador y respetuoso, la importancia del rol de esta Comisión para la comunidad mundial.

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INTERNACIONALES

Crisis de gobernabilidad en Venezuela

Todo el mundo civilizado y amante de la democracia despertó, el pasado 12 de abril, preocupado por la noticia del cambio de régimen en Venezuela. Es que aprobar la destitución de facto de un gobierno establecido en las urnas, contradice el respeto que merece la institucionalidad democrática. No es que estemos a favor de que los gobernantes legítimamente electos, ejerzan el mandato que su pueblo les entrega para desconocer luego a la propia democracia, dividir a la sociedad, exacerbar los odios y bajas pasiones y centralizar el poder.

Resultó contrastante y harto contradictorio también, conocer cómo los gobiernos de Qatar, Irak, Irán, Libia y Cuba, fueron los que más rápidamente censuraron lo sucedido allí. ¿Es que existe democracia en algunos de estos países?

Todos conocemos ya como se restableció el orden constitucional en Venezuela. Nos solidarizamos con los familiares de las personas que perdieron sus vidas en los enfrentamientos populares generados por la protesta cívica. Promueve, en igual medida, interrogantes la efectividad del chavismo durante este período. ¿Cuáles fueron las razones que motivaron que una importante y significativa parte de la sociedad venezolana se lanzara a la calle después de tres años de gobierno constitucional? ¿Es legítimo derrocar a un gobierno instituido democráticamente cuando su representante se aparta de los cánones democráticos que lo condujeron al poder?

No obstante, opinamos que siempre se debe salvaguardar la voluntad popular. Equivocado o manipulado, el pueblo venezolano eligió al actual gobierno y, por lo tanto, debe ser éste quién determine en elecciones, justa y democráticamente, las personas o grupos que debe representarlo por el período que establece la constitución de ese país.

Confiamos en que las palabras pronunciadas por el repuesto presidente Hugo Chávez, de iniciar un diálogo nacional y de rectificar errores cometidos - según él mismo expresó - entre todos los factores de esa sociedad, consoliden la democracia en Venezuela, y que la tierra de Bolívar supere las causas que dieron origen a esta crisis nacional. 


Revisión de política

A no ser por la preconcepción desfavorable - en cuanto a reiteración ya cacofónica y a los sectores involucrados - que encierra la noticia de que EE.UU. va a revisar su política hacia Cuba, la medida nos hubiera parecido justa y necesaria aunque algo tardía. Pero los hechos nos proporcionan elementos que despiertan cuestionables preocupaciones: "¿más de lo mismo?". ¿Hasta cuándo? Sabemos que los Estados tienen todo el derecho a trazar las pautas de su política exterior; sabemos también que la beligerancia entre los dos países durante más de cuatro décadas ha enquistado, en una manifestación de obstáculos, la posibilidad de la normalización de las relaciones entre ambos gobiernos y pueblos y retrasado el proceso democratizador en Cuba. Éstos impedimentos ya, por antiguos, imponen un rediseño que devenga fructífero para ambas sociedades.

Se impone una modernización de esas estrategias. Para el gobierno cubano ha resultado una comodidad política el hecho de la confrontación con el de los EE.UU. Este ha sido el totí a quien culpar de todos los fracasos económicos a lo largo de 43 años. Pero más allá de los argumentos, están las sociedades de ambos países y los derechos que se les viola por parte de sus respectivos gobiernos. Y, mucho más allá, está el sagrado derecho de soberanía de cualquier pueblo del mundo, que rechaza la injerencia en sus asuntos internos. Somos los cubanos, y sólo los cubanos, los llamados a resolver nuestra problemática nacional.

Es urgente imaginar nuevas políticas que enrumben una apertura gradual al entendimiento entre Cuba y los EE.UU.
 

Visita anunciada

La anunciada visita a Cuba del ex presidente norteamericano James Carter el próximo mes de mayo, constituirá, en nuestra opinión, una buena oportunidad para fortalecer los intercambios entre la sociedad cubana y la norteamericana. Carter, presidente de la fundación que lleva su nombre, aceptó la invitación que le hiciera el presidente cubano, Dr. Fidel Castro, y fue autorizado a viajar a la isla por el gobierno estadounidense.

De producirse ésta, sería la personalidad más importante de la política de los EE.UU. que visita a Cuba desde el año 1928, en el siglo pasado, cuando, durante la Sexta Conferencia Panamericana estuvo en nuestra patria el entonces presidente Calvin Coolidge.

La cita de Monterrey

La Conferencia de Naciones Unidas sobre Financiación para el Desarrollo celebrada en Monterrey, México, transparentó el repliegue en las relaciones internacionales que está experimentando el gobierno cubano en los últimos tiempos. El jueves 21, después de pronunciar un breve discurso, el presidente Fidel Castro anunció que abandonaba la conferencia por... "una situación especial creada por mi participación en esta Cumbre y me vea obligado a regresar de inmediato a mi país". Días más tarde, el presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón dijo a la prensa que "Fidel se robó el show" en la cita mexicana con ese acto. Pero la política real no es sólo propaganda y show, y el escenario quedó allí en Monterrey, sin la participación de la delegación cubana en la reunión de los Jefes de Estado que asistieron a ese evento. Cuba fue el único país que rechazó el documento conocido como Consenso de Monterrey.

Anteriormente, Cuba no había sido invitada a ninguna de las tres Cumbres de las Américas, lo que reafirma este repliegue, voluntario o no, en la política exterior del gobierno cubano. Lo que apunta en la dirección del aislamiento de nuestra nación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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